BLOG DEDICADO A JAIME MARTORELL MIR




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sábado, 6 de septiembre de 2014

TERRY BUTCHER

Terence Ian Butcher, conocido como Terry Butcher, nació en Singapur, destino exótico para un hombre como él. Terry era un jugador con 1,93 de altura, rudo y con cara de pocos amigos, en pocas palabras, era un muro difícil de romper. Fue un jugador clave en la selección de los “Pross”, por su juego rústico. Y lo pusieron como defensa indiscutible para clasificarse para el mundial de Italia.
Tal día como hoy hace 25 años, Inglaterra se jugaba la clasificación en la "final" contra Suecia quedando empate a cero, en gran parte gracias a la participación de Terry, que acabó con otro color. Todo pasó tras un choque de cabezas con el jugador nórdico, Ekstrom, cabezazo que le causó a Terry un corte de consideración. A pesar de tener este accidente decidió que le aplicasen siete puntos en su brecha y un vendaje en la herida. Los suecos seguían colgando balones largos, cosa que obligaba a Butcher a despejar con la cabeza, lo que provocó que la sangre se filtrara desde su frente hasta la elástica blanca. Cuando acabó el partido, dijo que le tendrían que haber matado para sacarle del terreno de juego.
Jugó en el Ipswich Town, Rangers FC de Glasgow, Coventry City, Sunderland AFC y acabó su carrera de futbolista en el Clydebank FC. Actualmente es entrenador del equipo escocés Iverness FC.

Larga vida a Butcher.  
Drunken Devil

sábado, 2 de agosto de 2014

jueves, 3 de julio de 2014

DARK SIDE OF THE MERSEY


El siguiente artículo, cuya traducción al castellano me he currado para que todo el mundo pueda leerlo aquí en el blog de mi compi Mr Quely, apareció por primera vez en la célebre revista The Face en el año 1988 y fue escrito por el periodista musical John McCready. El autor expone en él una realidad completamente desconocida por la sociedad inglesa de aquel entonces y que aún hoy no ha sido lo suficientemente documentada (salvo en un par de libros): la existencia en Liverpool de toda una generación de casuals que, habiendo reaccionado contra la estética deportiva de Filas y Tacchinis imperante a comienzos de los años 80, cuando la cultura casual empezó a convertirse en un fenómeno global (circa 1983 para ser más exactos), terminó desarrollando toda una nueva cultura, comúnmente llamada retro-scally, basada en fumar porros y escuchar LP’s de bandas anacrónicas adscritas al infame género del rock progresivo.


 
Un hippie es acorralado en un callejón oscuro por un pequeño grupo de casuals de 16 años. En cualquier otra ciudad de Gran Bretaña lo que vendría a continuación es una penosa comprobación de su talante pacifista. Pero en Liverpool, lo más probable es que le acosaran a preguntas sobre del Festival de la Isla de de Wight. Genesis son populares en Liverpool. Y también lo es Zappa. Pero los más grandes de todos son sin lugar a dudas Pink Floyd.

Our little Jimmy he’s only three. But he’s into Zappa, just like me”

Politics Is Boring (poema extraído de The End magazine, Vol 14)

There’s one smoking a joint and another with spots. If I had my way I’d have all of you shot.”

In The Flesh’ del álbum de Pink Floyd ‘The Wall’ (EMI, 1979)
 
Pink Floyd están de gira mundial promocionando el LP ‘A Momentary Lapse Of Reason’. Maine Road, el estadio del City, es el lugar elegido para congregar a los fieles en Manchester. Todo marcha según lo previsto. Los láseres hacen lo que se supone que han de hacer los láseres, y los interminables solos se prolongan a lo largo de un set maratoniano. Una multitud compuesta por estudiantes y trabajadores sociales aplaude la soporífera destreza de la banda. Todo marcha según lo previsto. ¿Todo? No, porque los estudiantes y los trabajadores sociales no pueden relajarse. Un importante contingente de jóvenes llegados de Liverpool se arrastra entre la multitud. Los estudiantes permanecen con las manos en los bolsillos. ¿Acaso estos fans del rock progresivo van a ser asaltados por un puñado de casuals provenientes del margen equivocado de la M62?
La tensión se rompe cuando se escucha el marcado acento scouse dirigiéndose a un hippy de avanzada edad:

“Oye colega, ¿tienes papel?”

Horas antes, docenas de autocares y coches particulares abarrotados de estos chavales de Liverpool que el mundo entero presupone han de escuchar hip-hop porque viven en barrios de protección oficial, habían llegado al centro de Manchester. En los coches, ‘Dark Side of the Moon’ proporcionaba la adecuada experiencia pre-concierto. Aquellos afortunados que consiguieron asiento en un autocar pudieron incluso elegir entre el deleite visual de The Wall o el video de Live At Pompeii.
En los alrededores del estadio los reventas admiten que estos jóvenes, que calzan un variopinto elenco de zapatillas deportivas carísimas, no encajan con el prototipo de seguidor de Pink Floyd. Algunos ni se han molestado en comprar tickets. Los reventas adoptan los mismos métodos que en las finales de copa, y en ningún momento dejan de sujetar los valiosos trozos de papel de las entradas.
 
“¿Qué cojones estáis haciendo vosotros aquí?” pregunta uno de ellos.
“Estamos aquí por la música, chaval” responde otro que no tiene precisamente pinta de hippy.

Tales eventos dejan a su paso un reguero de contradicciones que confunden aún más si cabe a los viejos sociólogos con todas sus claras e inequívocas teorías acerca de los hábitos y costumbres de la generación post-casual.
La versión oficial sugiere que los scallys van al fútbol y escuchan a Elvis Costello, a la vez que se dedican a destrozar coches de alquiler cuando vuelven de sus desplazamientos a Chelsea. En realidad, mientras que el gobierno y los medios de comunicación se preguntan qué hacer con este hatajo de vándalos y borrachos y estudia la manera de introducir una tarjeta de identificación sin provocar un escándalo nacional, un sector cada vez mayor de futboleros de Liverpool discute sobre las existencias del papel de fumar extra-grande Rizla mientras se estremece con los sonidos del álbum ‘L’ de Steve Hillage.
Si bien en otros lugares la juventud ha sido absorbida por el acid house, la chavalería de esta ciudad ha construido una sólida cultura retro basada en el cannabis y en la música de Pink Floyd, Frank Zappa, Jimi Hendrix, Genesis y una idiosincrática colección de dinosaurios del rock progresivo de la década de los setenta. Los muros de la ciudad están llenos de pintadas que ofrecen pistas de lo que ocurre, pero aún así muy pocos dentro y fuera de Liverpool están realmente al tanto de este multitudinario culto underground cuyos orígenes se remontan hasta principios de los ochenta.

‘PURPLE HAZE’

‘NO BEBAS Y CONDUZCAS – FUMA HIERBA Y VUELA’

SYD BARRET VIVE’

FLOYD’

ZAPPA’

ROGER WATERS’

Es completamente imposible adentrarse en los suburbios y barrios de protección oficial de Liverpool sin toparse con alguna de estas pintadas en una pared, en una parada de autobús o en el cierre de una tienda.
En realidad este hecho no merecería comentario alguno si no fuera porque es inusual que profesores, estudiantes y hippies jubilados sean sorprendidos dañando la propiedad privada en nombre del rock progresivo. Los slogans son cosa de chavales de 14 ó 15 años, los hermanos pequeños de aquellos en Maine Road que no levantaban tres palmos del suelo cuando Jimi Hendrix empezó a introducir en el mundo de la música el deleite de la distorsión y los solos de guitarra tocados con los dientes.
Son sólo pistas que dejan entrever la fuerza del movimiento retro-casual. Los records de asistencia que vienen presentando conciertos de perfil bajo como los del cantautor Roy Harper únicamente sirven para confundir aún más si cabe a las discográficas que ya de por sí no suelen tener ni la menor idea de nada. Como siempre, serán las últimas en enterarse.
Entretanto, las tiendas de vinilos de segunda mano y las ferias del disco que visitan la ciudad se llenan de preadolescentes amantes del jazz-rock a los que se distingue fácilmente por su apelación tribal “¿Tienes algo de Zappa, colega?”. Los gerentes de videoclubs declaran que clásicos de la cultura de drogas como ‘Up In Smoke’ de Cheech & Chong son absurdamente demandados por niños que en otras ciudades estarían esperando su turno para alquilar Robocop o ET. Un entusiasmado crío de 17 años incluso ha conseguido cambiar oficialmente su nombre, David, por este otro mucho menos vulgar, Floyd. Las grandes cadenas de venta de discos constatan que el álbum en solitario de Roger Waters ‘K.A.O.S.’ y el recopilatorio ‘Opel’ de Syd Barret compiten directamente con los trabajos de Morrisey, Marr, Stock, Aitken y Waterman.
Lo que está ocurriendo es al mismo tiempo excepcional y grotesco. ¿Dónde acabará todo? Algunos creen que bastarán cinco noches seguidas de Frank Zappa en el Empire para entrar en razón y que la ciudad se recupere de esta retro-histeria que la asola.

¿Te gusta Genesis/Floyd/Zappa sólo porque está de moda?

Sí ………………………………………………………….….. 200 puntos

Sí, pero sólo cuando voy puesto …………................................ 250 puntos

No, aún escucho a The Jam y The Beat ….............…… menos 100 puntos

Are You A Real Wool?’ cuestionario de The End magazine, 1982.
 
Paul Weller tiene mucha culpa. Sea cual fuere el papel que tuvieron grupos como The Jam, The Clash o The Beat y demás extensiones pop del fenómeno punk en el resto del país, dichas bandas tenían perfecto sentido para la juventud de Liverpool. En tanto lucharon y se desvanecieron, lo que dejaron tras de sí era enormemente gris. Grupos como Joy Division, Magazine y el catálogo completo del sello Zoo (con sede en Liverpool) eran ridiculizados como “basura para estudiantes”.
Muchos de los actuales devotos de Zappa y Pink Floyd admiten haber sido fanáticos de The Jam antes de descubrir esta nueva música de finales de los 60 y primeros 70 que anteriormente despreciaban. Antes de que The Jam desaparecieran en el éter, su célebre concierto en el Deeside Leisure Centre en el norte de Gales fue la última gran aglomeración de pre-retro scallies, quienes parecían conectar inequívocamente con la imagen y con la música del grupo, elegante y afilada a partes iguales. Aquello era un matrimonio que tenía perfecto sentido para todos. Los críticos coincidían: ésta era la música de la clase obrera, la música de la calle. Pero entonces vino The Style Council. Y por unanimidad, eran “una mierda”.
La consiguiente popularidad de Bob Marley fue un anticipo de lo que se avecinaba, si bien es difícil concretar qué vino primero, si la música o la hierba. Sea como fuere, la una recibió a la otra con una calurosa bienvenida. Las colecciones de discos de los hermanos mayores (toda esta locura parece ser cosa exclusivamente de hombres) fueron redescubiertas y, ya que siempre se dijo que en cada calle del país había al menos una copia del ‘Dark Side of the Moon’ de Pink Floyd, la fascinación por su rock reflexivo volvió a la palestra.
Kevin, un militante hippy de pelo corto, resume en pocas palabras el sentimiento general: “Ojalá hubiera nacido antes. Me encantaría haber visto a Zappa en los setenta, sentado en un prado puesto hasta las trancas”.
Peter Hooton, vocalista de The Farm y co-editor del fanzine The End, una publicación con sede en Liverpool que ha documentado y ridiculizado este fenómeno local desde su nacimiento, recuerda ciertos pubs del área de Netherton donde los chavales fumaban hierba siguiendo el método de los ‘cuchillos calientes’, calentando dos cuchillos con una pequeña botella de gas de la marca Calor Gas e inhalando a través de una pipa de agua o una cafetera. En un pub local llamado Gatsby’s algunos scallies crearon incluso la llamada ‘esquina de Genesis’ (más tarde renombrada como la ‘esquina de Zappa’, debido al meteórico ascenso experimentado por el guitarrista barbudo). Se trataba de una zona reservada donde podías encontrar a gente sumergida en una nebulosa de humo de porro.
“Lo disfrutas más cuando vas colocado”, declara un joven de 15 años cuya idea de pasarlo bien consiste en yacer a oscuras en la cama con la cabeza colocada entre los altavoces mientras suena ‘Comfortably  Numb’ de Pink Floyd. “Las letras parecen más graciosas”.
The Farm podrían haber sido el grupo más exitoso de Gran Bretaña si Bob Marley y Roger Waters no se hubieran interpuesto en su camino. Vestían de arriba abajo con el estilo ‘casual’ que la juventud de Liverpool había instaurado y su música se componía de breves y aguzadas canciones de pop, mordaces y comprometidas políticamente. Durante un tiempo dominaron la escena local, pero poco después fueron eclipsados por una oscura nube de humo y engullidos por la sombra de ‘The Wall’.

The Farm
Peter Hooton recuerda aquella vez en las gradas de Anfield en que se fijó en la camiseta de un amigo suyo y en el extraño rostro que había en ella. “¿Quién es ése?” le preguntó. “Zappa” fue la respuesta.
The End ha procurado documentar el modo de vida juvenil existente en la ciudad. Mientras el cannabis conquistaba los barrios de protección oficial de Liverpool, se convirtió a regañadientes en la voz de una singular revolución neo-hippy. Sus páginas de poesías estaban repletas de versos acerca de la marihuana, ‘The Wall’ y el ubicuo Zappa. Cuanto más se cachondeaban Hooton y el resto del equipo, más parecía afianzarse esta cultura retro. Al mismo tiempo, el menú musical se volvía más y más extraño; un catálogo de artistas emparentados únicamente por su pertenencia a una época comprendida entre finales de los 60 y principios de los 70, y por el hecho de que sus periodos de máxima actividad de ventas hubieran pasado hace ya tiempo. Bob Dylan y Simon & Garfunkel fueron muy populares en un principio. Asimismo, los miembros de un grupo local llamado Groundpig se toparon de bruces con este pintoresco fenómeno y, siendo como eran de la vieja escuela, empezaron a tocar versiones de clásicos como ‘Solsbury Hill’ de Peter Gabriel, ‘The Sound of Silence’ de Simon & Garfunkel o ‘Breakfast In America’ de Supertramp.

A lo largo de 1982 The Farm solían actuar en alguna parte de la ciudad congregando quizá a 200 personas. Pero en otra parte, Groundpig llenaban salas con capacidad para 600 personas (y aún así se quedaba gente fuera esperando en la cola). Un puñado de chavales del distrito de Everton fundaron su propio grupo, Drama, inspirados por el ambiente musical que se respiraba alrededor. En su repertorio incluían versiones de Genesis y Gabriel. Como parte de una campaña anti-drogas financiada por el ayuntamiento, Peter Hooton colaboró en la organización de un tour Groundpig/Drama por los colegios de la ciudad. “Lo cierto es que no contábamos con suficiente seguridad” dice Peter. “Los chavales hacían locuras para poder entrar. Algunos lads más mayores empezaron a llegar en furgonetas. Habíamos creado un monstruo y teníamos que parar”.
David Miles tiene 17 años. Solía montar su bicicleta BMX y de vez en cuando acudía a ver al Liverpool. Hasta que escuchó a Pink Floyd. Ahora se llama Floyd Miles, pues consiguió cambiarse el nombre legalmente. Aunque sus amigos han aceptado este nuevo nombre, su madre se niega a llamarlo Floyd y rechaza por completo la idea que se le ha metido a su hijo en la cabeza. Los del Merseyside Passenger Transport Executive han sido más comprensivos, aceptando el cambio de nombre para el abono transporte. Floyd está tan orgulloso de ello como de los cientos de casetes y cd’s que posee. Todos ellos de los viejos reyes sureños de la psicodelia, como no podía ser de otra forma.
Floyd recuerda cómo se enganchó a la banda hace aproximadamente siete meses y cómo desde entonces se ha gastado unas 400 libras de sus ganancias del Programa de Formación Juvenil en discos. Por supuesto que estuvo presente en el concierto de Maine Road, y ahora rebosa felicidad con un nuevo LP en directo que recoge algunos de los últimos shows llevados a cabo por el grupo. Además habla con verdadera pasión sobre el significado que tienen para él esos discos (“’The Wall’ significa mucho para mí”), de su intención de seguir a la banda por Europa y de sus planes de visitar al genio Syd Berret en su casa de Cambridge, donde actualmente vive recluido. “Ahora está viviendo con su enfermera” expresa en tono melancólico. “Dicen que se tomó un frasco entero de ácido en los 60 y que ahora estará puesto de tripis el resto de su vida”. Tampoco espera demasiado de este encuentro con su ídolo: “Sólo quiero preguntarle cómo está, pedirle un autógrafo… esas cosas”. Floyd saca de pronto otro disco poco común: un bootleg valorado en 30 libras. “Lo conseguí en una feria del disco” asiente con orgullo. Todos los días, Floyd rebusca entre los estantes de Backtracks, una inmensa tienda de segunda mano que no sólo vende discos antiguos, sino también todo tipo de parches y camisetas para la nueva generación de hippies de pelo corto. Igualmente, cuenta que muy pronto actuará en la emisora de radio local North Coast Radio, una emisora sin licencia que retransmite desde su propio barrio, Bidston Estate. Obviamente sólo tocará temas de Pink Floyd. Otros proyectos que tiene en mente para el futuro incluyen reproducir la portada de ‘The Wall’ en el muro que hay enfrente de su casa (“Aún no le he preguntado a mi madre…”) y tocar la canción que él mismo ha compuesto, ‘Dedicated To Syd’, con un grupo mod local. Como era de esperar no le interesa ninguna otra música más allá de Floyd. “Gabriel no está mal” admite, “pero la verdad es que no quiero escuchar ninguna otra cosa. Si lo hiciera, puede que me dejaran de gustar Pink Floyd. Una vez fui a comprarme un disco de Genesis pero al final volví a casa con uno de Floyd…”
La llamada Noche de las Guitarras, un tour organizado por el sello IRS de Miles Copeland, ha llegado a Liverpool. Como la inmensa mayoría, estos tipos tampoco están al tanto de la locura que invade la ciudad. Los carteles promocionan el concepto ‘No Speak’ como ‘Rock Instrumental Para Los Noventa’, aunque la mayor parte de los artistas participantes son vestigios de los sesenta y setenta. Steve Howe de Yes, Robbie Krieger de The Doors y dos carrozas de Wishbone Ash reaparecen como viejas glorias en el escenario del Royal Court Theatre. En una esquina, de espaldas a la pared, un grupillo de seis scallies –a los que se distingue fácilmente por sus zapatillas deportivas- están liando porros. Los viejos carrozas ejecutan sus solos de guitarra mientras los scallies asienten con la cabeza en señal de aprobación. Un roadie –al que se distingue por su chupa de cuero, sus mugrientos pantalones y por su identificación- pasa ante ellos y durante unos pocos segundos se queda mirando la escena boquiabierto. Acaba de ser testigo del espíritu de una cultura única en su especie y de una ciudad extraordinaria.
Una ciudad donde los sueños prematuros de Genesis de una vieja Inglaterra se filtran a través de las ventanas de los dormitorios de chavales que viven en Kirkby y Croxteth; una ciudad donde Waters “suena guay” y Led Zeppelin “son la hostia”; una ciudad donde los “verdaderos hippies” son tratados con fascinación y respeto; una ciudad donde la música del futuro está en ‘modo espera’ permanente.
Esto es Liverpool en 1988, un planeta que gira alrededor de sí mismo; un asentamiento neo-hippy localizado en el lado oscuro de la luna.
 
John McCready, The Face, 1988

(Traducción de Álex Wannabes Fanzine)


martes, 1 de julio de 2014

OLD IS COOL (ANEXO)

En relación a la anterior entrada de este blog nos llegó un comentario que no pudo ser publicado en su día seguramente por motivos técnicos relacionados con el servidor. Por ello aprovecho para pediros disculpas si veis que alguno de vuestros comentarios no ha sido publicado, aunque haya sido por motivos que escapan a nuestro control. Desde que comenzó este blog se pueden contar con los dedos de la mano los comentarios censurados, generalmente por aludir a personas con nombres y apellidos, así que si veis que alguna de vuestras aportaciones no han salido a la luz, lo más probable es que sea debido a esos problemillas con los que de vez en cuando nos obsequia blogger.
Una vez dicho esto, aprovecho para incluir algunas imágenes de gabbers y ravers que nos ha enviado este amable lector y colaborador en las que podemos apreciar su particular estética chandalera.

Y de paso, el tema que dio origen a la peculiar escena musical de Rotterdam.


viernes, 6 de junio de 2014

viernes, 25 de abril de 2014

BUNT STADIONÓW



"Bunt stadionów" es un reportaje polaco de 2013 que aborda el tema de la política y la represión en las gradas de aquel país. Por desgracia no está subtitulado, así que difícilmente pillaremos algo aquellos que no hablamos polaco. Y es una pena, ya que cuenta con variados testimonios, entre ellos el de Staruch, líder de la grada de Legia que hace un tiempo salió de prisión. Su delito: ser ultra.

martes, 29 de octubre de 2013

ANNIS, REMEMBER:

 
 
CARDIFF IS RED


miércoles, 16 de octubre de 2013

ANDRZEJ FONFARA

Voy a hablar de un boxeador polaco profesional y aficionado del Legia Warszawa que ahora reside en Chicago y compite en el peso semi pesado. Andrzej Fonfara es un boxeador corpulento, de 1'88 metros, y que se caracteriza técnicamente por sus golpes precisos, para mí un campeón en su categoría. Su último combate que vi fue una pelea en la que se enfrentó al boxeador "español" Gabriel Campillo, que perdió por KO contra el púgil polaco. Con un total de 27 combates, veinticuatro de ellos ganados, quince con KO, y dos perdidos, se puede ver que es un boxeador excelente.
Andrzej Fonfara empezó a introducirse en el mundo del boxeo con el club de fútbol Gwardia Warszawa, que milita en la liga Polish A Klasa, la séptima liga polaca. Después de un tiempo decidió irse a la sección de boxeo del Legia Warszawa, un gran equipo. En 2006 empezó su carrera profesional, cuando en Ostroleka ganó por mayoría de puntos contra el púgil checo Miroslav Kubik. En fin, esto es lo más destacado sobre este magnifico boxeador, sobre todo por ser del Legia, el que manda en Polonia.
RCDM & L.
Drunken Devil

jueves, 15 de agosto de 2013

EL CASUAL HA MUERTO

Os traigo una traducción algo "libre" (perdonad las puntuales incorrecciones, pero la esencia es la misma) del artículo "The Death Of The Football Casual" escrito por Jack Collins.



El hecho de haber nacido en los años 80 y crecido a lo largo de esa década significó mi involucración en la escena del casualismo al final de sus días de gloria. Muchos dirían que todo había terminado mucho antes de que yo llegara, pero la escena era todavía vibrante, con chicos de todas las edades participando de esa mezcla entre una forma de vestir elegante y violencia futbolera, ampliada significativamente en comparación con la generación anterior a mí.
Ya ha habido una cantidad exhaustiva de ensayos y estudios escritos sobre por qué los muchachos jóvenes se reúnen para pelear en el fútbol, así que me voy a ahorrar las chorradas psicoanalíticas y voy directamente con la regla número uno: no importa cómo seamos o cómo vistamos, los hombres somos animales tribales, y ya sea por el orgullo, el deporte o la supervivencia, vamos a luchar entre nosotros. La regla número dos es que dentro de esos bajos instintos, en los que prima la agresión y un ambiente sin control, el cuerpo experimenta un instinto de supervivencia y la adrenalina que fluye tan ferozmente a través de su sangre crea una sensación más intensa que la que he experimentado con cualquier droga. Es esa sensación la que hace que sea tan adictivo.
Tras unos años recorriendo el país para practicar esta violencia de fin de semana con mis compañeros, experimenté algo que me señaló el cambio. Películas como Football Factory y Green Street han dado a conocer el fenómeno a gran escala, y con ellas llegó una nueva generación de 'casuals' en las que no reconocía nada de lo anterior. Antes, si querías destacar sobre el resto tenías que mostrar un poco de respeto a los jefes mayores, reconocer que había una manera de hacer las cosas, y sobre todo, que ibas a mantener tu posición en una línea.
Con esta nueva generación se trataba exclusivamente de emular un estilo de vida que habían visto en la pantalla: usar la ropa adecuada, usando las palabras correctas, escuchar la música adecuada, jugando con los aspectos violentos, pero sin ensuciarse las manos. Estos chicos no eran de la misma población, como durante las últimas tres décadas de casuals en Gran Bretaña, la fábrica de fútbol había conseguido un nuevo proveedor y estaba sacando copias sintéticas baratas.
Si no me crees, haz una búsqueda de Twitter para 'casuals' o 'awaydays' en un día de partido. Serás bombardeado con centenares de fotos de todo el país con deportivas, pelo de punta y ropa de Stoney, o posando con las capuchas de sus goggle, tratando desesperadamente de crear un estilo de vida que han conocido a través de libros y películas. La realidad es que la violencia en el fútbol no es una escena de película. ¿Crees que en los años 80 tenías tiempo de fotografiarte el calzado mientras unos scousers te intentaban pinchar el culo?
Antes de que se me acuse de ser un viejo gruñón nostálgico y quejica -aún estoy en la veintena-, quiero dejar claro que ya no voy al fútbol, pues los organismos represivos han decidido que no soy lo suficientemente responsable como para acercarme una milla a cualquier campo de fútbol en el país, probablemente por temor a que podría estallar en cólera al ver una bufanda azul y blanca y golpear un montón de jubilados. Pero lo que yo experimenté fue que mi generación fue la última en mantener, o al menos intentarlo ante una cada vez mayor presencia policial, los valores fundamentales de los casuals.
Para mí, la idea de que esto había terminado llegó una mañana en el derby local, (...)cuando tras citarnos por teléfono, nuestros rivales se fueron corriendo al vernos, con miradas asustadas en sus caras. Lo siento amigo, no queremos jugar más. Dadnos nuestra pelota y nos podemos ir a casa.
Ellos pensaban que estaban hablando por teléfono con sus homólogos, los jóvenes pretendientes como ellos que saltaban a la calle gritando hasta que la policía los separaba y podrían ponerse una medalla por el simple hecho de estar allí. Cuando comprobaron que en realidad habían citado a un grupo considerable de veinte a cuarenta y tantos que tenía la intención de hacerles daño, y sin la presencia salvadora de una escolta de policía, vi sus rostros palidecer.
Tanto yo como la mayoría de compañeros de mi edad, independientemente del club, nos metimos en ello porque queríamos formar parte de algo. Éramos de una generación diferente a la de los hooligans originales de los 70 y 80, no había batallas campales de 200 tíos para arriba mientras salíamos en todos los titulares. Todo era muy cerrado y con mucha unidad, tú estabas allí porque querías estar allí. La mayoría de las veces esperabas durante todo el día y no pasaba nada, pero si pasaba, no había segunda línea en la que esconderse, no había una melé en la que perderse y sí una gran posibilidad de acabar malparado. Sabíamos los riesgos que implicaba, pero como cualquier otro muchacho de ideas afines por todo el país, que salía de su casa lleno de energía un sábado por la mañana, estábamos orgullosos de nuestra ciudad y de nuestro equipo, e íbamos a aprovechar cualquier oportunidad para demostrarlo.
Sí, nos gustaba lucir, madrugar para buscar por toda la ciudad el último modelo de adidas, gastarnos el equivalente al PIB de Burkina Faso en una chaqueta que no podíamos permitirnos, pero la imagen fue siempre un añadido. No me malinterpretéis, porque era importante. Era algo más que beberse una cerveza y llevar una camiseta de réplica, consistía en demostrar a tus oponentes (paradójico para un movimiento que nació del deseo de no llamar la atención de la policía) que tú habías llegado y que estabas allí.
Había chavales que llevaban unas Reebok Classics y el mismo polo Lacoste todos los partidos, pero eso no significaba nada. Cuando notas esa sacudida repentina en el abdomen, cuando estás en inferioridad numérica y te están superando, prefiero tener a uno de ellos a mi lado que a una docena de tíos preocupados de que no se les manchen sus adidas. En estos días, no estoy tan seguro de que la mentalidad sea la misma.
Pero con las cámaras y las escoltas policiales y draconianas, la gente podría hacerse llamar casual sin haber tenido una pelea en su vida. Y en un círculo cerrado como el nuestro, donde cualquier policía nos conoce por el nombre de pila, nadie iba a correr riesgos innecesarios, aunque tampoco liarla con el rival un martes por la noche (lo cual es más fácil decirlo que hacerlo, hay que reconocerlo).
¿Y ahora qué pasará con el casual? ¿Será como su primo mod un impresionante recordatorio del pasado estilo cultural de Gran Bretaña, pero sin importancia social? Será simplemente un uniforme junto con una mentalidad redundante y un manual de instrucciones para un estilo de vida determinado. ¿Se encontrará no en los modernos estadios de la clase media, sino en congresos nacionales a los que acudirán veteranos y entusiasmados chavales que exhibirán sus adidas o sus CP Urban Protection tomando una cerveza? Perdonadme si parezco abatido, pero nunca he sido partidario de perpetuarme culturalmente. Cuando una época ya pasó, como ocurre ahora, hay que mirar adelante, dejar el pasado donde está y no quedarse estancado, encontrar una forma de expresión para este tiempo. Después de todo, ¿no es cierto que fue la actitud la que dio la vida a los casuals en primer lugar?

miércoles, 19 de diciembre de 2012

TRILOGÍA

Al fin llega a las mejores salas la esperada tercera parte, tras "Le llamaban Hijo de Perra" y "Volveré", de la trilogía más trepidante de los últimos años. ¡Y en technicolor! 
Una nueva aventura de nuestro incansable héroe en defensa de la Ley y el Desorden contra las hordas de forajidos embarcados en la línea de ferrocarril más mítica del Lejano Oeste. ¿Conseguirá imponer su implacable justicia?

 

sábado, 1 de diciembre de 2012

MAGALLUF: SEX, ALCOHOL AND SUN

´Me encontré con peleas en Punta Ballena, pero eran complicadas de fotografiar´

Fotógrafo ´freelance´ que ha hecho un trabajo sobre la calle de Calvià que nunca duerme, Punta Ballena. Izquierdo (Palma, 1976) vive su pasión por la fotografía desde que era un adolescente. Integrante de la asociación fotográfica Sa Maquineta, ha concluido este año un reportaje sobre la arteria más popular de Magaluf. Se puede ver ya en su página web: javierportfolio.com.

 
I. MOURE. PALMADurante tres veranos, este palmesano se ha adentrado semanalmente en la marabunta más ruidosa, festiva y desfasada de la isla. Desde dentro, con una cámara de usar y tirar para pasar más desapercibido, ha querido captar algo más de la esencia de la calle que nunca duerme. Como dice él, ha querido "contar la historia de Punta Ballena".
–Entre todo lo que habrá visto de Punta Ballena, descríbame una escena especialmente peculiar.
–Muchos beben hasta quedar completamente perdidos, y entonces se quedan tirados en bancos. Los turistas suelen hacer mucha mofa de esos que están KO. Una vez, vi a uno que estaba tirado en un banco. Era un banco de esos de metal, con rendijas. Lo ataron con una especie de bridas para que no se pudiese mover y le bajaron los pantalones.
–¿Qué le llevó a sumergirse en la calle más frenética de la isla?
–Años atrás ya había hecho unas fotos. Lo quise rehacer, porque esa primera vez me quedé con lo peculiar. La gente que se emborracha y eso. Pero quise profundizar. Contar la historia de Punta Ballena. Contar dónde está, quiénes son las personas que van allí.
–¿Iba solo o acompañado?
–Solo. Iba una media de una o dos veces por semana. Y llevaba una cámara de usar y tirar.
–Vistos los antecedentes de esa calle de Magaluf, su experiencia habrá sido algo parecido a una odisea.
–Me he encontrado con muchos problemas.
–Cuénteme.
–He vivido varias peleas. Me han querido pegar. Una vez le hice una foto a uno que estaba completamente borracho, tirado en la calle. Le hice la foto con el flash y el tío pegó un brinco y se abalanzó sobre mí.
–Desde fuera, ¿pudo fotografiar alguna de estas peleas?
–Son difíciles de fotografiar. Las peleas no ocurren con extremada frecuencia. Ocurren, pero no son una batalla campal. Además, los seguratas intervienen enseguida.
–Una de las cosas que sorprende cuando estás en Punta Ballena son los guardias de seguridad. Hay muchos y son como torres humanas con pinganillo. ¿Cómo fue su relación con ellos?
–Un par de veces hubo mucha tensión. Uno me dijo que me iba a cortar la cabeza. Ni siquiera me daban la oportunidad de explicarles nada sobre el trabajo que estaba haciendo.
–¿Qué le decían los turistas cuando le veían haciendo fotos?
–Había gente que me preguntaba qué estaba haciendo. No pasé de tener con ellos conversaciones superficiales.
–La prostitución daría para un trabajo fotográfico aparte. ¿No se lo ha planteado?
–Es verdad que hay muchas [prostitutas]. Y lo que hacen merece una denuncia. Yo no tengo nada en contra de la prostitución, pero ellas roban, amenazan, golpean. Sería difícil [hacer un trabajo fotográfico sobre ellas]. Son como ninjas. Están y desaparecen con facilidad. Y habría que ganarse su confianza. Con ellas también he tenido problemas.
–¿Qué le pasó?
–Me acuerdo de una vez que dos de ellas empezaron a correr. Las perseguían dos hombres. Decían que les habían robado el móvil. Yo les seguí. Ellas lo tienen muy estudiado. Hubo un momento en que ellas se separaron. Yo me quedé delante de los dos hombres. ¡Se pensaban que yo era parte del complot de las prostitutas! Y me decían que les tenía que devolver el móvil.
–Punta Ballena es un fenómeno turístico. Atrae miles de visitantes. Los residentes lo miran con una mezcla de curiosidad y recelo. Y los medios siempre nos hacemos eco de sus historias. Visto desde dentro, ¿tiene algo de fascinante?
–Fascina a mucha gente. A los empresarios y sobre todo a los turistas que se desinhiben y que no tienen las fronteras que se ponen en su país. También van muchos españoles a ligar, pero las inglesas no quieren saber nada de ellos.
–A quienes fascinó fue a los protagonistas del ´reality´ de la MTV de ´Geordie Shore´. ¿Los vio?
–¡Sí que los vi! Pero entonces no sabía quiénes eran. Iban con un séquito y todo el mundo les hacía fotos. Pensé que si ellos eran los nuevos actores de un programa de éxito no se lo habían currado mucho. ¡Eran horribles!
–Su trabajo incluye fotos nocturnas de la playa de Magaluf. Casi podría decirse que tiene más actividad que durante el día.
–Van muchas parejas. Y mucho mirón. Por la noche, además, la playa es el toilette de Magaluf.
–La noche de Punta Ballena siempre es noticia. Pero ¿qué pasa durante el día?
–Es el momento de la resaca. La gente está tirada en las hamacas. Pero pude comprobar que durante el día no paran de beber tampoco. Eso me sorprendió bastante. También aparecen algunas familias. No muchas.
–¿Se quedó con ganas de fotografiar algo?
–Sí, fotografiar lo que pasa dentro de los hoteles. Seguro que hay mucho desfase.
–¿Le ha dejado alguna enseñanza esta experiencia?
–Que hay diferentes niveles de evolución. Y Punta Ballena no está muy evolucionado. Como dijo un amigo mío, se han quedado en la edad de ´culo y caca´.
–¿Volverá el verano que viene?
–No volveré. Quiero hacer otras cosas. Ya me doy por satisfecho. Ha sido muy pesado.
–¿Qué pretende hacer con este trabajo fotográfico?
–Me gustaría exponerlo. Quiero que se vea. Y quiero que la gente de aquí comprenda dónde vivimos. Lo que está claro es que lo que yo muestro es una realidad subjetiva. No digo que Magaluf sea únicamente eso. Pero esas fotos dicen mucho de algo que ocurre allí.

http://www.diariodemallorca.es/part-forana/2012/12/01/encontre-peleas-punta-ballena-complicadas-fotografiar/811806.html

http://www.javierportfolio.com/

martes, 13 de noviembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

lunes, 5 de noviembre de 2012

domingo, 21 de octubre de 2012

HEMOS VENIDO A ENAMORARNOS Y EL RESULTADO NOS DA IGUAL

No hay que mezclar amor con fútbol. Pero en el fondo soy un romanticón de cuidado. Hoy os traigo la tierna historia de la relación entre  una madurita del Ruch Chorzow y un hooligan represaliado de Slask Wroclaw. ¿Puede florecer el amor por encima de las diferencias futboleras? "Hombre, sí, mira a Xavi y Casillas", pensaréis. Pero estamos hablando de Polonia. Así que ¿podrá superar los controles policiales, las vallas y los barrotes de la cárcel?


domingo, 30 de septiembre de 2012

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